“Ante tiempos dificiles, nuevas perspectivas.” Javier Igea Larrayoz [Director Gerente]

Estamos en una época donde todos los ajustes parecen ser pocos y donde los resultados eficaces cobran más importancia que nunca. Más por menos. Mayor productividad con menores recursos. Pocas empresas se verán alejadas de esta realidad y pocos serán los departamentos o procesos que no padezcan recortes en sus presupuestos, mientras ven incrementados los objetivos a alcanzar. La prevención de riesgos laborales no es una excepción: las empresas quieren “cero accidentes, con la mínima inversión”.

La necesidad de poner en práctica esta premisa nos obliga a adaptarnos a una difícil situación; pero también nos abre importantes líneas de trabajo pendientes de desarrollar; como por ejemplo, mejorar la integración de la prevención en la empresa. Hace unos años las primeras evaluaciones de riesgos pusieron énfasis en la necesidad de invertir en la implantación de medidas para eliminar, reducir o controlar los riesgos existentes, y se hicieron importantes cambios e inversiones.  Actualmente podemos intensificar el trabajo en la implantación e integración real de la prevención de riesgos lo que nos exigirá menos recursos económicos y nos puede llevar a la obtención de más y mejores resultados en la protección de nuestros trabajadores.

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“Es momento de cambios” por Javier Igea Larrayoz [Director Gerente de Prevención Navarra]

Hace poco cenando con un amigo, recordábamos nuestros comienzos en el mundo de la prevención  hace ya más de 12 años..Repasamos distintas anécdotas de nuestras visitas a las empresas: aquella en la que se retiraban las protecciones de las máquinas cuando se compraba un nuevo equipo; aquella en la que un trabajador que había sufrido multiples accidentes no consideraba que en su puesto de trabajo existiesen riesgos; aquella en la que un encargado no quería utilizar los EPIS pero pretendía hacer que los trabajadores a su cargo los llevasen. Desde que en 1995 se publicó la LPRL, la evolución de la prevención de riesgos laborales en las empresas, en los Servicios de Prevención y en general en la sociedad, está llena de luces y sombras, aunque a tenor de nuestras vivencias, ambos coincidíamos en decir que los avances han sido muy significativos.

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Resumen de la jornada “La gestión de la responsabilidad penal tras un accidente de trabajo”.

Los pasos que demos en los momentos posteriores a un accidente de trabajo de consecuencias graves pueden ser muy decisivos en la determinación de responsabilidades. Conocer cómo debemos actuar y tener una idea previa de los pasos a dar nos ayudará a enfrentarnos de una forma más racional a una situación tan difícil como la de un accidente con resultado grave o mortal. Pese a que el buen prevencionista está más orientado a prevenir que a lamentar, también es consciente de que el riesgo cero no existe y que nadie está exento de verse involucrado en un accidente grave o mortal del que pueden derivarse responsabilidades. Por tanto, hay que trabajar prioritariamente por evitar el riesgo, por prevenir, pero también debemos prepararnos para enfrentarnos a él una vez haya acontecido.

Con el objetivo de dar a conocer cómo debe de ser la “gestión de la responsabilidad penal tras un accidente de trabajo”, el pasado 9 de octubre  en la  CEN y el 16 de octubre en AER, Prevención Navarra organizó sendas jornadas cuyo ponente fue D. Eduardo Ruiz de Erechun, de Ruiz de Erenchun Abogados Asociados, quien además de explicar las etapas de un proceso penal derivado de un accidente de trabajo, nos facilitó algunos consejos para poder afrontarlo de la mejor manera.

 

LAS FASES DEL PROCESO

Ruiz de Erenchun diferenció 5 fases sobre las que centro su análisis y propuso sus recomendaciones:

  1. Fase inicial
  2. Fase policial
  3. Fase de instrucción
  4. Fase intermedia
  5. Juicio oral

La fase inicial arranca cuando se materializa el accidente de trabajo. Está caracterizada por el miedo y el dolor de tener una persona accidentada de gravedad o una víctima mortal. Este es un momento donde resulta difícil pensar con claridad y donde la toma de decisiones va a estar muy condicionada por los sentimientos existentes y por el nerviosismo que ha generado la propia situación. Los hechos empezarán a comentarse rápidamente y viajar de boca en boca, por lo que será inevitable que los trabajadores, mandos y directivos de la empresa hablen del tema, opinen y lancen sus propias conjeturas.

DSC_0023Surge en la fase inicial un sentimiento de culpabilidad colectiva (“deberíamos haber hecho” “no habíamos detectado el riesgo”, “debíamos haber mejorado la medida”, etc.) que raramente deriva en un sentimiento de culpabilidad individual donde una o varias personas asumen que lo acontecido está relacionado con algo que han hecho mal o con una omisión de la que ellos son responsables. Es más, no es raro que haya trabajadores que hagan comentarios en los que asignen la responsabilidad directamente a otras personas.

Es en la fase inicial en la que, la empresa, viendo la gravedad de la situación debe llamar a un profesional que les ayude a gestionar la situación y que les pueda aportar una visión externa más tranquila y menos condicionada. Cuanto antes asumamos el liderazgo de la situación, mayor y mejor será el control que tengamos del proceso.

La fase 2 arranca con la investigación policial. En este momento, lo habitual es que la policía asuma el control de la situación, ya que, puesto que impera el nerviosismo y la incertidumbre, la empresa se deja llevar por lo que los cuerpos de seguridad le digan y le pidan. Si la empresa ya ha llamado a un abogado, éste puede controlar las declaraciones que los trabajadores hagan para relatar los hechos, evitando en todo momento que se puedan hacer comentarios infundados o basados en opiniones personales que no estén directamente relacionados con los hechos acontecidos. Esta misma premisa es aplicable a las visitas que tras el accidente haga la inspección de trabajo, o al contenido del informe de investigación del accidente que solicitan y que, puede condicionar y servir de base para el informe que inspección de trabajo aportará a la fiscalía.

Es importante decir la verdad y contar qué ha ocurrido. El hecho de que un experto pueda controlar las declaraciones que se hagan tiene como finalidad evitar comentarios inculpatorios entre compañeros que no puedan estar fundados o que estén basados en opiniones personales. No hay que olvidar que las declaraciones que se tomen en esta fase pueden ser determinantes en la fase de juicio oral, puesto que para  los jueces suelen tener un peso considerable.

Hay dos importantes preguntas que la empresa debe formularse y cuyas respuestas facilitarán en gran medida la gestión del proceso: ¿es la empresa responsable de los hechos acontecidos?, y en caso afirmativo, ¿quién es el responsable?.  Si se conoce quienes son los responsables, la empresa debe hablarlo con ellos y darlo a conocer al juez. De esta forma se evitarán imputaciones innecesarias y los esfuerzos podrán centrarse en la preparar la mejor de las defensas. Tal y como ya se ha comentado, poder responder a quién es el responsable no suele ser lo habitual, por lo que es el juez quien finalmente lo decide, pero toda empresa debería realizar ese ejercicio de reflexión interna.

La fase 3 es la de instrucción (preparación del juicio). La fiscalía suele tener como punto de partida la premisa de que “la empresa es la responsable”, lo cual lleva a incluir en el proceso a un nutrido número de personas sobre las que posteriormente valorar la responsabilidad. Hay que ser consciente de que la acusación es la que debe probar los hechos condenatorios, por lo que aportaremos la información justa y necesaria, evitando conjeturas, opiniones y sospechas. Ya se encargará la fiscalía o la acusación particular de obtener las pruebas que consigan determinar la culpa.

Los momentos más duros del proceso suelen ser el inmediatamente posterior al accidente y el día en el que se recibe la imputación del fiscal, con el que se arranca la fase intermedia, momento en el que aquellos imputados que pasan a acusados reciben la citación del juzgado que indica la petición de la pena. Llegar a este punto sin un abogado es un gran error y lamentablemente suele ser más usual de lo que nos parece.

A partir de aquí se disponen de 10 días para la preparación y presentación del escrito de defensa. Dependerá en gran medida del propio acusado el poder preparar una buena defensa, puesto que es él quien debe aportar todos los datos y detalles al abogado y exigirle que prepare una buena defensa, trabajando muy bien todas y cada una de las pruebas aportadas.

Un buen objetivo a marcarse en este fase es la de llegar a un acuerdo con la acusación particular, puesto que sin ella hay posibilidades de que el caso se archive, si no existe acuerdo, el fiscal no lo archivará. Si caben posibilidades de negociación y se ve la posibilidad de llegar a acuerdo, cuanto antes se haga mejor, por lo que, si se puede negociar la fase de instrucción mejor que en la fase oral.

La última etapa, la fase oral estará condicionada en gran medida por la existencia o no de acusación particular, ya que si ésta existe, su petición habrá sido más dura que la del fiscal y existe “mayor riesgo teórico de ingreso en prisión”.

En caso de que la fase oral finalice con condena, es importante reseñar que, como regla general y sin detallar sus matices, las condenas que llevan a los acusados a prisión son aquellas que superan los dos años, y que los delitos imprudentes no computan como antecedentes, mientras que sí computan cuando se trata de un delito doloso.

CONSEJOS PARA LA GESTIÓN DEL ACCIDENTE

–         Contar desde el inicio con la presencia de un abogado que nos asesore y que dirija el proceso.

–         Controlar las declaraciones iniciales.

–         Hacer reflexión interna: ¿es culpable la empresa? ¿quién es el responsable?.

–         Si se conocen los responsables, hablarlo con ellos e identificarlos ante el juez.

–         Decir la verdad.

–         Aportar la información justa, evitando juicios infundados y opiniones.

–         Trabajar bien la defensa, no dejarlo únicamente en manos del abogado. Aportar todos los datos, pruebas, testigos, etc. que puedan ayudar y aclarar los hechos.

–         Negociar con la acusación particular. Si se llega a un acuerdo económico se puede llegar a poner fin al proceso y evitar condenas que supongan entradas en prisión.